

-Chicos...,a jugar al granero.
Todavía no había escuela por la tarde y el padre dormía la siesta.
-¡Bien,a disfrazarnos!
-A jugar a escondecucas.
-Pero sin saltar,que resuena todo,replicaba la madre.
Los niños subieron al granero y no tardaron en descubrir algo que les llamó la atención.
-Mama,mama...,gritaron bajando por la escalera,¿qué es eso que hay en un rincón?
La madre subió para evitar que gritaran más y les explicó que aquella máquina servía para hacer helados.
-Vuestra abuela hacía helados muy ricos cuando no había neveras y los vendía a todos los niños.
-¿Podemos probar si funciona?,preguntaron.
-Si me ayudáis a darle a la manivela, probaremos para el santo de vuestro padre.
-Te ayudaremos,prometieron.
Lo primero que hicieron fue comprar los ingredientes:
-Una barra de hielo(en tiempos de la abuela la traían los Isidros en el camión).
-Unos sobres de flan chino el Mandarín,o flan Potax.
-Dos litros de leche(antes era de las vacas de casa).
-Un paquete de sal gorda.
-Unos limones y azúcar.
Y llegó el momento de realizar el experimento.La máquina tenía dos compartimentos,en el de adentro metieron la mezcla, bien batida, de la leche,el flanín , el azúcar y unas cáscaras de limón;en el compartimento de afuera, el hielo bien picado con la sal gorda.
A partir de ahí todo consistía en mover, mediante una manivela, la mezcla, mientras se iba congelando por efecto del hielo y la sal.
Este proceso fue bastante largo,por lo que todos tuvieron que aportar un poco de trabajo.
Cuando la pasta se hizo bastante sólida rellenaron unos recipientes y los guardaron en la nevera.
-Déjanos probar un poco,pedían.
-Bueno,recoger lo que ha quedado en la máquina.
-¡Qué rico!
-¡Hummmm!
El día del santo del padre le dieron una gran sorpresa,porque aunque ahora se venden helados muy buenos,no tienen comparación con los de fabricación casera y menos con los que preparaba tu propia madre.